La vida de Dominic Joxan Grande Gómez, de 12 años, se apagó en cuestión de minutos. Lo que parecía una tarde normal en el fraccionamiento Buenaventura, en Soledad de Graciano Sánchez, terminó en tragedia. Su familia, destrozada, exige justicia y denuncia la falta de acción de las autoridades.
Un disparo que lo cambió todo
Eran cerca de las cinco de la tarde cuando Dominic salió a jugar con un amigo. Minutos después, su padre lo vio llegar en una motocicleta, pero algo estaba mal. De repente, el niño cayó al suelo. Su padre corrió hacia él y descubrió lo impensable: su hijo tenía un disparo en el pecho.
“Lo levanté, le hablé, pero ya no podía responderme. Lo llevamos al hospital de Soledad como pudimos, pero no me dejaron entrar con él. Solo me dijeron que esperara”, recuerda su padre, con la voz entrecortada.
Los médicos lograron estabilizarlo por unos momentos, el tiempo suficiente para que Dominic pudiera despedirse. “Antes de que se lo llevaran, me vio y levantó su manita. Fue lo último que hizo”.
Cuando intentaban trasladarlo a otro hospital para una atención más especializada, su corazón dejó de latir.
La espera por justicia
Desde entonces, su padre vive con dolor e impotencia. Según su testimonio, la familia del responsable huyó pocas horas después del crimen, llevándose todas sus pertenencias.
“El mismo día que enterramos a mi hijo, me dijeron que la casa donde vivían ellos estaba vacía. Que se fueron en la madrugada, con todo. ¿Cómo es posible que nadie hiciera nada?”, cuestiona.
Denuncia que, a pesar de haber proporcionado información clave sobre lo ocurrido, la Fiscalía no ha actuado con la rapidez esperada. “Ya saben quién fue, cómo fue y con qué fue, pero no hacen nada. Mi niño está muerto y ellos siguen libres”.
Un niño con sueños truncos
Dominic era un niño alegre y lleno de vida. Su familia lo recuerda como un niño noble y respetuoso, con una pasión especial por las motocicletas.
“Siempre me decía que cuando fuera grande me iba a comprar una moto, que íbamos a andar juntos. Ahora solo me quedó su recuerdo”, dice su padre, con la mirada perdida.
Apenas unos días antes de su asesinato, estaban haciendo los trámites para que ingresara a la secundaria. Pero esos planes quedaron inconclusos. En su lugar, la familia enfrenta el vacío de su ausencia y la incertidumbre de si algún día obtendrán justicia.
“No quiero venganza, quiero justicia”
El padre de Dominic deja claro que su lucha no es por venganza, sino por justicia. “No quiero que otra familia pase por este dolor. Solo quiero que se haga lo correcto”.
Entre la tristeza, también teme por su seguridad. Dice que ha recibido advertencias para que deje de exigir justicia, pero no piensa rendirse.
“Ya me quitaron lo más valioso de mi vida. No voy a quedarme callado. Mi niño merece justicia”, sentencia.
Mientras tanto, la familia de Dominic sigue esperando respuestas. Su voz resuena entre la tristeza y la rabia: que la muerte de su hijo no quede en el olvido.


