En su visita a San Luis, con “El libro de todos los libros”, Aparicio retomó un recorrido sobre sus textos jóvenes que refiere como una etapa de su vida que lo ha traído a la actualidad; una antología revisada de su obra, en la que reflexiona sobre el paso del tiempo, el deseo, la madurez y la necesidad de soltar lo que ya no pertenece al presente.
El escritor, poeta, editor y promotor cultural Alejandro Aparicio Morales, originario de Oaxaca, ofreció una conferencia en una sala de lectura que ya es famosa por su carácter literario diverso, sala encabezada por la promotora cultural y Cuentacuentos Martha Soriano, ubicada en el que es considerado el octavo barrio, El Saucito. En este espacio el escritor compartió parte de su trayectoria y habló sobre la reciente publicación “El libro de todos los libros”, una antología que reúne varias de sus obras revisadas y reescritas a lo largo de los años.
Licenciado en Derecho, poeta, editor y promotor cultural, Aparicio Morales ha dedicado más de dos décadas a la literatura, así desde este ángulo, en rueda de prensa, el poeta compartió que “El libro de todos los libros” representa una etapa de introspección y madurez, enmarcando pasajes de su sentir en la obra reúne textos de distintas publicaciones, editados y reordenados con una mirada más crítica y personal.
“He cambiado portadas, prólogos y eliminado textos. A veces te das cuenta de que ya no te identificas con ciertas partes de tu vida o con lo que escribiste, entonces, este libro es una metáfora de lo que somos y de lo que vamos perdiendo”, explicó.
Entre uno de sus principales referentes Aparicio Morales aludió a su proceso en esta obra, similar con el de José Emilio Pacheco, quien recordó solía revisar y reescribir sus libros publicados y consideró que para el autor, la escritura implica un ejercicio constante de autocrítica y desapego.
“Y después de este proceso seguimos siendo cualquier como cualquier humano, ¿no? Y eso es algo que creo que los poetas no tienen claro, porque se sienten como endiosados. A mí me ha tocado ya con trabajando como editor que cuando marco alguna corrección o algún cambio que para mí siento que podría mejorar el texto, pues se ha encontrado como conflicto entre ellos, ¿Por qué?; Porque como tú eres el autor es como si fuera tu hijo como algo tuyo y pues lo ves perfecto y hay que aprender a soltar y a ser crítico de uno mismo. Y creo que este libro es eso”, señaló.
El autor, conocido en algunas publicaciones periodísticas como “el poeta del pecado” o “el hacedor de las astromelias”, reflexionó también sobre los temas que lo han acompañado a lo largo de su obra: el erotismo, el deseo y la exploración de lo carnal como parte de la condición humana.
Aunque reconoció que algunos de sus poemas más comentados abordan lo sexual desde una mirada provocadora, aseguró que su perspectiva ha evolucionado con el tiempo y aunque reflexionó que en su juventud abordaba estos temas desde el impulso, así como “lo carnal”, refirió que hoy en día trabaja sus textos desde otro lugar, apegado a lo espiritual y lo humano.
“Antes lo abordaba desde el impulso, desde la juventud. Ahora lo veo con otra madurez”, dijo y entre risas, recordó una anécdota que suele mencionar en sus charlas: “De joven, una de mis fantasías era ser actor porno. Lo escribí en varios textos, pero con los años me di cuenta de que no había por dónde. Fue una manera de reírme de mis propios deseos, de entender que el cuerpo y la vida cambian, y que hay que reinventarse con ellos.”
Sobre sus influencias literarias, Aparicio Morales compartió que Jaime Sabines fue su primer contacto con la poesía, pero que su visión cambió al descubrir a José Carlos Becerra, de quien destacó la complejidad y profundidad de sus textos, y al español Ángel González, cuyo estilo que describió como directo y sin adornos, lo marcó profundamente.
En otro momento de la charla, el escritor habló sobre su doble formación profesional, pues aunque estudió Derecho, confesó que su verdadera vocación siempre fue la literatura y aunque su primer intento de estudiar Letras se vio frustrado al perder la fecha de examen de ingreso, en la espera optó a la carrera de Derecho, la cual pausó ya que le fue posible llegar a la primera en mención. No obstante, en su regreso a su natal Oaxaca, luego de egresar de Letras, retomó la licenciatura que había dejado pendiente, convirtiéndose así en abogado.
Luego de esta travesía, durante un tiempo, Aparicio se dedicó a administrar y conducir los autobuses urbanos de su familia, una etapa que recuerda con cariño y que considera fundamental para entender la realidad de la que escribe.
“Regresé a a Oaxaca sintiéndome la persona más fregona del mundo y dije: -Soy el escritor que le hace falta Oaxaca-. Ahora ¿dónde pido un trabajo de escritor”; entonces en lo que yo asimilaba qué iba a hacer, pues mi familia ya tenía camiones urbanos y yo decidí administrarlos, pero siempre me ha gustado saber cada uno de los procesos, entonces, pues yo me dije: -Voy a manejar uno de los camiones para saber bien y que nadie me engañe-.
Dicen que si vas a mandar, debes de saber hacer como todo el proceso. Entonces, por eso estuve 2 años administrando los camiones y manejando, ya posterior a eso sentía que tenía yo un vacío o algo pendiente, que era la carrera en derecho. Entonces ya sin apoyo de mi familia, pues yo ya trabajaba e hice mi segunda carrera”, compartió.
Aparicio subrayó que la poesía, más que un oficio, es un proceso de constante cambio. Con una trayectoria marcada por la autocrítica, el humor y la búsqueda de sentido, él se define como un poeta en movimiento, capaz de mirar atrás sin nostalgias y de reinventarse en cada libro.
“Mis textos son acelerados, violentos, porque así vivo. Escribo cantando, cocinando, haciendo lo cotidiano. Pero después hay que cortar, como decía Juan Rulfo: para ser buen escritor, hay que tener unas tijeras. Uno debe depurar, quedarse solo con lo necesario.”
Alejandro Aparicio es creador y director de Astromelia Editores y del portal El Armadillo Cultural; desde hace quince años coordina el festival literario Abasto de Letras. Su trabajo lo ha llevado a participar en encuentros y festivales en Veracruz, Puebla, Ciudad de México, Guerrero, Guadalajara, Tabasco y Michoacán, entre otros estados.
Su trayectoria ha sido reconocida con múltiples distinciones: la Medalla José Vasconcelos (2019), un reconocimiento del Congreso de Oaxaca por su contribución cultural, el galardón de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca por 25 años de carrera, y más recientemente el Galardón por la Cultura otorgado por el Colectivo Artístico Independiente Odisea Cultural en Tabasco.


