Desde el martes 23 de diciembre, el Centro Histórico de la capital comenzó a llenarse de paso apresurado, bolsas en mano y filas interminables, en una escena que se repite cada año conforme se acerca la Nochebuena.
Comercios abarrotados, pasajes repletos y calles con alta afluencia marcaron el inicio de las compras de último momento rumbo a la celebración navideña; las calles Hidalgo y Zaragoza concentraron la mayor movilidad peatonal, donde familias completas, parejas y compradores solitarios recorrían vitrinas y locales en busca del regalo pendiente, los ingredientes para la cena o ese detalle que no podía faltar bajo el árbol.
El flujo de personas fue constante durante gran parte del día, con momentos en los que avanzar por estos corredores comerciales resultaba complicado.
En tiendas departamentales y jugueterías, la escena fue similar: largas filas frente a las cajas de cobro, carritos llenos y clientes revisando precios con el reloj en contra. Pelotas, muñecas, videojuegos y ropa encabezaron las compras, mientras los empleados intentaban dar abasto ante la alta demanda, en una jornada marcada por la prisa y el cansancio, pero también por la expectativa de la noche festiva. La postal urbana se completó con la venta de envolturas y artículos de temporada, mientras el sonido de villancicos y música navideña se mezclan con la multitud.
Para muchos, la visita al centro se convirtió no solo en una compra necesaria, sino en una tradición que evoca recuerdos de otras navidades, cuando la misma urgencia llenaban las calles, reflejando en algunos casos la costumbre de dejar para el final los preparativos de la cena de Nochebuena y los obsequios; mientras que en otros las personas con tiempo contado aprovechan sus horas libres para completar la celebración.
Una jornada intensa que, año con año, confirma que la Navidad no solo se celebra en casa, sino también entre pasillos llenos, filas largas y la nostalgia de una ciudad que, por unas horas, se vuelca por completo al espíritu decembrino. Este 24 diciembre desde temprana hora la rutina va a la par, pues no falta quien salga de casa a completar su cena, obsequios y otros detalles de su tradicional familiar.


