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lunes, marzo 9, 2026
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Pañoletas y carteles, entre una marea morada fueron testigos de lucha en el 8M

Indignación, impotencia y una deuda generalizada unió en la lucha a las mujeres como cada año en la marcha del 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer.

En una concentración que comenzó desde antes de las 14:00 horas, a un costado de la Alameda Central Juan Sarabia, desde la Avenida Universidad, lugar de donde partió el recorrido, pasadas las 16:00 horas.

El contingente estuvo integrado por Familias víctimas de feminicidio; seguidas de madres buscadoras: mujeres con discapacidad; cuidadoras, embarazadas y con infancias; mujeres adultas mayores; maestras; familias y defensoras de mujeres privadas de la libertad; contingente universitario; mujeres sobre ruedas; mujeres danzantes y sahumadoras y el resto de los contingentes.

El primer punto de posicionamiento, fue en uno de los accesos a la zona de transferencia, en el que fue recordada Odalis Anahí Hipólito, víctima de feminicidio, mismo que fue tipificado como un suicidio en aquel momento; esto luego de que su cuerpo fue encontrado el pasado 11 de marzo del 2018, en ese punto de la capital de San Luis Potosí, con signos evidentes de violencia, suspendido a una altura cuestionable al señalarla en los reportes como una autolesión.

Fue la Fiscalía General del Estado en donde las colectivas realizaron una intervención con posicionamientos y exigencias al “Estado Feminicida”, como lo refirieron, con impotencia y hartazgo respecto a los casos queden en carpetazo y para los que nunca llega la justicia para las víctimas.

En el posicionamiento de la Movilización Vivas nos Queremos San Luis Potosí, expresaron entre varios puntos su preocupación y rechazo ante la intención de levantar las Alertas de Violencia de Género, señalando que se trata de un agravio para las mujeres y para las familias de víctimas de feminicidio cuyos casos enfrentan impunidad, falta de verdad y ausencia de reparación integral. Enfatizando en que mientras persista la violencia feminicida, la AVGM debe mantenerse y fortalecerse como una herramienta de exigibilidad de los derechos de las mujeres.

Además, sobre la reducción de la jornada laboral expresaron que se trata de una demanda histórica de la clase trabajadora y también una exigencia feminista, pues las mujeres sostienen una doble y muchas veces triple jornada entre el trabajo remu-nerado, el trabajo de cuidados y el trabajo comunitario, por lo que en un pronunciamiento previo pidieron “¡las 40 horas y dos días de descanso, ya!”.

Exigieron en la despenalización del aborto, resultado de años de lucha del movimiento feminista, que el Estado salde la deuda y lo elimine del Código Penal para que deje de tratarse como un delito y se garantice plenamente como un derecho; así mismo que las instituciones de salud garanticen atención integral, segura, oportuna y libre de discriminación para todas las mujeres y personas gestantes.

El exhorto a la UASLP, así como a centros educativos en general, no se hizo esperar y llamaron a las autoridades competentes a garantizar los procesos institucionales que eviten la revictimización y garanticen transparencia, rendición de cuentas y sanción a los responsables.

El recorrido continuó rindiendo homenaje en el memorial a las víctimas de feminicidio, para pasar al edificio central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en donde la iconoclasia no faltó, y este ardió en llamas vestidas de la desesperación de las mujeres, quienes se rebelaron contra el cuerpo de la institución reprobando las violencias y encubrimiento; así como contra el acoso sexual y hostigamiento que se perpetúan en la universidad.

Las mujeres mostraron su malestar en la estructura de este edificio, que al igual que otros como el Palacio de Gobierno y el Palacio Municipal, desde hace días fue blindado por autoridades para evitar que el reflejo de la molestia por omisiones interviniera en su preocupación mayor por las paredes, puertas y ventanas.

Las mujeres enfatizaron en visibilizar la violencia de género vigente y recordar la importancia de reconocer la historia de los derechos políticos, sociales, económicos de las mujeres y niñas que siguen luchando por un mundo igualitario, libre de violencia y discriminación, por la igualdad laboral, salarial y a mejores condiciones de vida que les permitan participar en todos los ámbitos sociales y caminar sin miedo en su cotidianidad.

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