Breakdance en San Luis: el baile de la libertad

 

Leo Cano

San Luis Potosí, tiene una escena de breakdance o b-boying. Los B-boys potosinos son reconocidos por su habilidad y creatividad en competencias nacionales e internacionales. El kiosco del jardín de San Miguelito, es un espacio de ensayo que durante mañanas, tardes y noches, ha sido apropiado por bailarines locales de distintas edades y estilos de baile, como la salsa y el danzón, pero también coreografías para quinceañeras, bailes new school o inclusive el ochentero breakdance, un baile urbano acrobático que se origina en la cultura del Hip hop.

Por las tardes, como a eso de las seis, el sol ilumina en tonalidades doradas a los bailarines de breaking que ensayan arriba del kiosco; sus cuerpos y sombras se unen y forman figuras que parecen transformarse de hombres a plantas o insectos y que se mueven ágilmente despegándose del suelo. Fuera del kiosco, el lugar es cotidiano, en el jardín hay boy scouts, familias conviviendo, niños jugando y parejas paseando a sus perritos.

Alejandro Jasso, Aka ‘B-boy Noble’, reconoce este kiosco como un lugar de ensayo en donde los bailarines se turnan según su estilo, pero son las noches de entre semana las que ocupan los B-boy, ante un acuerdo comunitario de respetar el lugar y a los vecinos, para pasar un rato de convivencia.

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‘B-boy Noble’ quedó capturado por el breaking, en el primer momento en que vio cómo lo bailaban fue impresionado por los movimientos y la música Hip hop, desde entonces han pasado más de 20 años y hoy además de ser un destacado bailarín en la escena local, es Ingeniero en Mecatrónica, quien después de su jornada de trabajo asiste a los ensayos, para luego regresar a casa con su esposa y sus pequeños hijos.

B-boys y B-girls locales se encuentran en eventos de baile y competencias de breaking, donde buscan ser los mejores en sus habilidades acrobáticas y coreografías. Entre ellos, Aarón Rodríguez, Aka ‘El Gallo’, “Así me nombró el barrio en la misma competencia, por el estilo, tipo de disciplina y el papel que elegí con el corazón al momento de bailar; así me gustó y así me voy a morir”. ‘El Gallo’ lleva más de 10 años bailando y la vida sigue corriendo, ahora está casado y con 2 hijos “El cuerpo envejece pero el corazón no”. Aunque a veces no puede entrenar como se debe y en condiciones ideales, menciona que no cuenta con muchos apoyos, pese a ello ha competido a nivel internacional, y consciente de que en el movimiento hay que ser proactivo, en algún momento se dedicó a dar talleres de breaking a niños en un centro comunitario, algunos de ellos todavía lo siguen para entrenar.

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Carlos Tobias, Aka ‘B-boy Canna’, fue seleccionado para representar a San Luis Potosí en Los Juegos Nacionales de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE), anteriormente conocidos como Olimpiada Nacional, evento en el que participan jóvenes atletas amateur de México. ‘Canna’ es un bailarín que ha desarrollado su estilo en los semáforos de la ciudad, apoyado económicamente por los automovilistas. “En la Nacional representamos a ‘San Wicho’ dándole todo el power”, menciona orgulloso de su viaje al estado de Morelos como representante estatal, algo que para él había sido un sueño.

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Jorge Luis hinojosa, Aka ‘Yombok’, llegó a San Luis Potosí en 2012, para participar en un evento nacional, donde se coronó con el primer lugar, pero lo que lo ancló a la ciudad en la colonia Santa Fe, fue el corazón de una potosina que hoy es su esposa “El breaking es parte de mi vida porque puedo hacer ejercicio, desahogarme, y pasar tiempo de convivencia”.

‘B-boy Guss’ ha participado en eventos nacionales, así como el extranjero y cuando baila siente que se conectan música, movimientos y emociones. Hace 10 años él migró de la Alcaldía Azcapotzalco en la Ciudad de México a San Luis, y mantenerse económicamente de los automovilistas bailando en los cruceros, actualmente trabaja como igualador de colores en la industria del repintado automotriz, mientras que en sus ratos libres le da al breaking.

Los B-boys de San Luis Potosí también participan en proyectos artísticos y colaboran con músicos, grafiteros y otros artistas urbanos. Esto ha llevado a la creación de una comunidad de breakdancers que trabaja para promover su arte. Esta subcultura urbana demuestra cómo el arte puede unir a las personas de diferentes orígenes y creencias.

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