En política, hay personajes que gobiernan desde el reflector… y otros que gobiernan desde la sombra.
Por : Eduardo Caraza Rodríguez / San Luis Potosí a 12 de Mayo de 2026
Y en Sinaloa, cada vez son más las voces que apuntan hacia un solo nombre: Enrique Inzunza Cázarez.
Mientras el escándalo político y judicial alrededor de Rubén Rocha Moya continúa creciendo tras los señalamientos provenientes de Estados Unidos, el verdadero foco de atención parece desplazarse lentamente hacia quien muchos consideran el operador real del sistema político sinaloense.
Estados Unidos no solamente colocó bajo presión al gobernador sinaloense; también aparecen nombres clave del círculo más cercano al poder, entre ellos el propio Inzunza, hoy senador de Morena y exsecretario general de Gobierno de Rocha Moya.
Lo verdaderamente delicado no es únicamente la acusación.
Lo preocupante es la reacción.
Lejos de separarse del cargo o solicitar licencia mientras se aclara su situación, Enrique Inzunza ha optado por mantenerse políticamente activo desde redes sociales, enviando mensajes cuidadosamente calculados, cargados de simbolismo político y lealtades internas.
Y ahí es donde comienza la lectura de fondo.
Porque en plena crisis, sus publicaciones y posicionamientos parecen reconocer todavía a Andrés Manuel López Obrador como el verdadero eje del movimiento, relegando indirectamente a Claudia Sheinbaum Pardo a un papel secundario dentro del poder real de Morena. Una narrativa que exhibe las fracturas internas que hoy vive el oficialismo.
Y en medio de ese escenario, también comienza a surgir otra interrogante incómoda para el nuevo régimen: ¿hasta dónde llega realmente la capacidad de control político de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sobre los grupos heredados del obradorismo? Porque mientras Enrique Inzunza mantiene una narrativa propia, desafiante y aparentemente ajena a la disciplina institucional, el silencio del gobierno federal empieza a interpretarse no como estrategia… sino como incapacidad para contener a uno de los personajes más influyentes y delicados del sistema político sinaloense. Y cuando un operador deja de obedecer al centro, el problema deja de ser estatal y se convierte en nacional.
El mensaje parece claro:
si cae uno, caen todos.
Y quizá por eso el silencio institucional resulta tan ensordecedor.
Porque mientras la oposición exige investigaciones, juicio político y hasta desaparición de poderes en Sinaloa, el gobierno federal luce atrapado entre la defensa política y el costo de romper con uno de los grupos más poderosos construidos durante el obradorismo.
Hay otro dato igual de inquietante: nadie parece saber con certeza dónde está Enrique Inzunza.
Su ausencia del Senado, sus apariciones intermitentes y el manejo hermético de su agenda solamente alimentan la percepción de que el gobierno perdió capacidad de control sobre uno de sus propios operadores políticos.
Y cuando un gobierno ya no controla la narrativa… comienza a perder el poder.
Sinaloa hoy no solamente enfrenta una crisis judicial o diplomática.
Enfrenta una crisis de legitimidad política.
Porque detrás de cada declaración, cada ausencia y cada mensaje en redes, se empieza a revelar algo todavía más profundo: la posible existencia de un sistema de poder paralelo donde los cargos públicos eran apenas la fachada visible de una estructura mucho más compleja.
La gran pregunta ya no es si habrá consecuencias.
La verdadera pregunta es:
¿hasta dónde llega la red?
Porque cuando el poder detrás del poder comienza a sentirse acorralado… el sistema completo tiembla.
L.A. Eduardo Caraza Rodríguez / Columna de Opinión Ciudadana


