Entre rituales, ofrendas y memoria, México mantiene vivo su culto a la muerte: Historiador de la UASLP

El culto a la muerte en México tiene raíces profundas que se remontan a la época prehispánica y cuya preservación es fundamental para mantener vivas la memoria, la identidad y las tradiciones de los pueblos originarios.

Para estas culturas, morir no significaba el final de la existencia, sino el tránsito hacia otra forma de vida. A través de rituales y ofrendas, las comunidades buscaban acompañar el camino de las almas y mantener presente el recuerdo de quienes habían partido, explicó el doctor Ramón Alejandro Montoya, coordinador de la Licenciatura en Historia de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).

El docente e investigador señaló que esta relación con la muerte ha adquirido distintas expresiones a lo largo de la historia. En el siglo XX, por ejemplo, la figura de La Catrina se consolidó como uno de los símbolos más reconocidos de la cultura mexicana y de una particular forma de convivir con la muerte, presente en las representaciones de esqueletos y calaveras que forman parte de la vida cotidiana, el arte y las celebraciones populares.

Al referirse a la preservación de las tradiciones frente a otras influencias culturales, Montoya consideró que las celebraciones de Día de Muertos conviven actualmente con prácticas como Halloween, aunque advirtió que, en ocasiones, se les concede mayor atención a los disfraces y a pedir dulces que a los elementos que dan sentido a la conmemoración.

“A veces damos más importancia a pedir dulces y disfrazarnos que a preparar los altares, ese espacio donde colocamos la fotografía, la comida, las bebidas y todo lo que le gustaba al difunto. Ese vínculo con la memoria es lo que nos hace sentir que nuestros seres queridos regresan el 1 y 2 de noviembre”, expresó.

En ese sentido, recordó que antiguamente los niños salían a pedir calabaza o camote en dulce, alimentos tradicionales que también forman parte de la identidad gastronómica de estas fechas. Asimismo, señaló los cambios que han experimentado productos como el pan de muerto, cuya elaboración incorpora actualmente distintos rellenos y sabores.

“La calabaza en dulce se encuentra en Santa María del Río, donde se prepara todo el año. El pan de muerto también ha cambiado; ahora viene relleno de nata, crema y otros sabores por la mercadotecnia. El tradicional solamente tenía un barniz de huevo, sin azúcar encima. Ambos son cada vez más difíciles de encontrar”, comentó.

El historiador también manifestó su preocupación por los cambios que enfrenta el Xantolo, una de las expresiones culturales más representativas de la Huasteca potosina. Explicó que su nombre proviene del término “Santorum”, relacionado con la celebración de los santos difuntos, y que su significado va más allá de los espectáculos y actividades que se organizan durante estas fechas.

Como ejemplo, mencionó la creciente presencia de anuncios turísticos que utilizan denominaciones como “Xantolowin”, así como los ajustes en las fechas de celebración y la incorporación de actividades que, desde su perspectiva, pueden alejarse del sentido original de esta tradición.

Finalmente, hizo un llamado a conocer el significado histórico y cultural de las celebraciones de Día de Muertos y del Xantolo, pues preservar estas expresiones implica mantener vivos los rituales, la memoria familiar, la gastronomía y las formas comunitarias de relacionarse con quienes ya no están.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

REDES SOCIALES

106,738FansMe gusta
109SeguidoresSeguir

Últimas Notas