DIF capitalino detecta desde la infancia conductas que pueden reproducir violencia en las relaciones

El trabajo psicológico con niñas, niños y adolescentes también busca identificar cómo las conductas aprendidas en el entorno familiar pueden influir en sus relaciones futuras, explicó José Jesús Rosas
Las conductas relacionadas con el machismo y la violencia pueden comenzar a reproducirse desde la infancia, por lo que la atención psicológica a niñas, niños y adolescentes representa también una oportunidad para identificar y modificar estos comportamientos antes de que se normalicen, señaló José Jesús Rosas, psicólogo de la Unidad de Atención a la Violencia Familiar del Sistema Municipal DIF.
El especialista explicó que, aunque la atención de la unidad está dirigida principalmente a personas adultas, también reciben algunas situaciones relacionadas con niñas, niños y adolescentes, particularmente cuando existen problemáticas dentro del entorno familiar.
“En esta unidad atendemos más a las personas adultas, a veces, bueno, de alguna manera también atendemos situaciones con menores, con niños y niñas”.
Rosas destacó que una de las preocupaciones en el trabajo preventivo es que determinadas formas de relacionarse comienzan a aprenderse desde edades tempranas y posteriormente pueden reproducirse en las relaciones de pareja o familiares.
“Estas conductas pequeñas que no se ven y que están constantemente todos los días en nuestra sociedad desde niños, y sobre todo más con los adolescentes, pues siguen fortaleciendo estas conductas de violencia y de agresión”.
El psicólogo se refirió particularmente a los llamados micromachismos, conductas que pueden parecer menores o pasar inadvertidas, pero que forman parte de aprendizajes cotidianos relacionados con las desigualdades entre hombres y mujeres.
Ante ello, consideró que el trabajo con niñas, niños y adolescentes no puede limitarse a llevar determinados temas a las escuelas, sino que debe involucrar también a las familias y, especialmente, a madres y padres.
“Podemos pensar en llevar temas a la escuela con niños, con adolescentes, pero creo que como padres debemos estar al pendiente, estar atentos y trabajar ahí mucho con ellos”.
Desde su perspectiva, la familia tiene un papel central en la construcción de otras formas de relacionarse, debido a que niñas, niños y adolescentes aprenden también a partir de lo que observan cotidianamente en casa.
“Podemos ofrecerle a nuestros hijos algo diferente porque bien dicen, verdad, que el ejemplo es muy importante”.
Rosas señaló que este proceso también implica que los adultos revisen sus propias conductas, pues difícilmente pueden promover relaciones basadas en el respeto entre niñas, niños y adolescentes si dentro del hogar continúan reproduciéndose esquemas de desigualdad, control o violencia.
En ese sentido, el trabajo preventivo del DIF también contempla la participación de hombres y padres de familia mediante un programa de reflexión y cambio, enfocado en la reeducación y reconstrucción de conductas que afectan las relaciones familiares.
Para el especialista, intervenir desde estas etapas permite trabajar no solamente con quienes actualmente enfrentan una situación de violencia, sino también con los aprendizajes y comportamientos que pueden contribuir a reproducirla en el futuro.

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