“Yo me reconstruí”: sobrevivientes de violencia encuentran en Otra Oportunidad un camino hacia la autonomía

Para una mujer que ha vivido violencia, salir de esa situación no necesariamente significa que el peligro terminó. Después de pedir ayuda comienza otro proceso que puede incluir atención psicológica, acompañamiento jurídico, protección, atención médica, educación y la reconstrucción de un proyecto de vida.

Así lo reflejó Laura, sobreviviente y exusuaria del refugio de Otra Oportunidad A.C., quien durante la presentación de Mujeres que Inspiran y Emprenden compartió cómo llegó a este espacio junto con su hijo después de años de violencia que inicialmente ella misma no reconocía como tal.

Contó que las agresiones no comenzaron con golpes, sino con insultos, conductas pasivo-agresivas y otras formas de violencia que durante mucho tiempo minimizó. La situación escaló hasta que finalmente su pareja la agredió físicamente y decidió pedir auxilio.

“Muchas veces no se sabe cómo salir, no tienes idea, tienes hasta miedo de dar un paso más allá”, relató.

Después de acudir al Centro de Justicia para las Mujeres, aceptó ingresar al refugio. Al principio, dijo, le resultaba difícil entender por qué ella debía abandonar su hogar mientras su agresor había sido detenido, pero con el paso de los días comenzó a encontrar acompañamiento y seguridad.

“Empecé a comprender muchas cosas, empezaron a ayudarme y darme mucho soporte psicológico y mucho apoyo”, recordó.

Durante su estancia recibió atención médica y, en uno de los chequeos, le detectaron cáncer de mama. Aunque el diagnóstico representó otro momento difícil, aseguró que pudo enfrentarlo sabiendo que contaba con una red de apoyo.

“Solo volteaba a ver a mi hijo y volteaba a ver alrededor que yo no estaba sola”, expresó.

Para Laura, el proceso dentro del refugio también significó aprender nuevas herramientas para acompañar a su hijo y reconstruir su vida después de la violencia. “Yo me reconstruí”, resumió.

La experiencia de mujeres como Laura es parte del trabajo que Otra Oportunidad realiza desde hace 26 años. Elizabeth Rapp Saint Martin, presidenta de la organización, explicó que durante este año han atendido a más de 200 mujeres. Algunas cuentan con redes de apoyo seguras y reciben atención en el centro, mientras que quienes enfrentan un riesgo mayor son canalizadas al refugio mediante protocolos de seguridad.

El modelo contempla atención integral para las mujeres y sus hijas e hijos, con servicios psicológicos, jurídicos, médicos, educativos y de trabajo social. La Guía Operativa 2026 establece que estos espacios deben funcionar las 24 horas, los 365 días del año, y mantener reservada su ubicación por razones de seguridad.

Rapp Saint Martin señaló que la violencia contra las mujeres no puede analizarse únicamente desde la violencia familiar, pues comprende también agresiones físicas, sexuales, psicológicas y económicas, además de sus expresiones más extremas, como los feminicidios. También advirtió que las niñas, niños y adolescentes pueden resultar afectados por estos entornos.

La activista rechazó que pueda asegurarse que la violencia ha disminuido sólo a partir de las cifras oficiales, pues existe un importante número de mujeres que no denuncian por miedo o falta de condiciones de seguridad.

“Debe, y hasta donde tengo entendido, iniciar con la investigación del protocolo de feminicidio”, sostuvo al referirse a las muertes violentas de mujeres.

También cuestionó las demoras en la judicialización de las carpetas y la capacidad institucional para dar seguimiento a las órdenes de protección. Consideró necesario fortalecer la Fiscalía con más personal y presupuesto, pues una mujer puede abandonar su proceso cuando durante meses no observa avances.

En este contexto, Mujeres que Inspiran y Emprenden representa una etapa posterior para algunas sobrevivientes. Actualmente participan entre 15 y 17 mujeres, algunas usuarias del centro y otras que anteriormente estuvieron en el refugio.

A través de talleres de agroindustria, computación, estética y otras áreas, así como procesos de certificación con apoyo del ICAT, buscan desarrollar habilidades que posteriormente puedan convertirse en ingresos propios. La Guía Operativa federal contempla precisamente la capacitación para el empleo, autoempleo y autonomía económica como parte de la recuperación de las mujeres.

Para Rapp Saint Martin, el objetivo no es únicamente que una mujer consiga trabajo, sino que vuelva a reconocerse con capacidades y libertad para tomar decisiones.

El emprendimiento, así, es una parte de un proceso más amplio, que conlleva primero ponerse a salvo, después recuperar la seguridad y finalmente encontrar herramientas para construir una vida propia lejos de la violencia.

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