El debate sobre el desarrollo urbano en El Saucito ha puesto en evidencia un problema más profundo, pues las condiciones del subsuelo en esta zona presentan señales de inestabilidad que, de no analizarse a fondo, podrían traducirse en riesgos mayores.
Así lo han documentado especialistas del Grupo Universitario del Agua (GUA) de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), quienes advierten que el terreno no puede entenderse sin considerar la interacción entre factores geológicos e hídricos.
Desde su perspectiva, el punto de partida no es la obra en sí, sino el estado actual del terreno. Las evidencias acumuladas en campo —fracturas en muros, separaciones en estructuras y deformaciones en superficies— indican que el subsuelo ha sufrido alteraciones importantes.
“Hay señales claras de que el terreno ya fue modificado por fuerzas que rompieron su equilibrio original”, señaló José Ramón Torres Hernández, geólogo del Instituto de Geología, especialista en procesos estructurales y aguas subterráneas., al explicar que estos cambios no son superficiales, sino resultado de procesos internos que continúan activos.
Uno de los hallazgos más significativos es la presencia de deformaciones tipo pliegue en áreas como el atrio del templo del Señor de Burgos. Este fenómeno, explicaron, solo ocurre cuando existen presiones laterales suficientes para doblar el terreno, lo que evidencia esfuerzos compresionales en el subsuelo.
A este escenario se suma la identificación de agua a poca profundidad. Durante excavaciones recientes, se constató la existencia de un acuífero somero, lo que implica que cualquier intervención en el sitio tendrá que enfrentarse directamente a condiciones de humedad constantes.
“Son dos factores que coinciden en el mismo punto: esfuerzos en el terreno y presencia de agua. Esa combinación es la que puede generar problemas de estabilidad”, advirtió Sonia Torres Rivera, ingeniera química con doctorado en hidrogeología, integrante del Grupo Universitario del Agua.
En paralelo dijo, la composición del suelo juega un papel determinante. En El Saucito predominan materiales finos como limos arcillosos, conocidos localmente como “yesca”, que tienen la particularidad de cambiar su comportamiento según el contenido de agua.
“Cuando está húmedo puede deformarse fácilmente, pero cuando se seca se vuelve frágil. Eso lo hace muy vulnerable ante cualquier esfuerzo adicional”, explicaron ambos.
Esta condición adquiere mayor relevancia en un contexto donde la sobreexplotación del acuífero ha sido constante. La extracción intensiva de agua subterránea no solo reduce su disponibilidad, sino que modifica la estructura del suelo, favoreciendo hundimientos, tensiones y reacomodos diferenciales.
Bajo este panorama, los especialistas insisten en que el reto no es únicamente técnico, sino de comprensión del territorio. Más que emitir una postura definitiva, subrayan la necesidad de integrar todos estos elementos en los estudios antes de tomar decisiones.
“No se trata de decir si se hace o no, sino de entender qué condiciones hay y cómo pueden influir en cualquier intervención”, puntualizó Sonia Torres Rivera.


