El arzobispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe subrayó que la ceremonia no es solo un acto simbólico, sino una invitación a vivir la humildad y el servicio en la vida cotidiana.
En el marco del Jueves Santo, cientos de fieles participaron en la Misa de la Cena del Señor celebrada a las 5:00 de la tarde en la Catedral Metropolitana de San Luis Potosí, donde el arzobispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe encabezó el lavatorio de pies y enfatizó en que el acto representa un llamado vigente a vivir el amor y el servicio hacía el prójimo.
Previo a este rito, el arzobispo dirigió un mensaje en el que resaltó que Dios es amor y busca constantemente el bien del ser humano, a quien considera su criatura predilecta. Subrayó que, a través de la Eucaristía, Cristo permanece cercano y reúne a los creyentes como una familia, invitándolos a participar no como espectadores, sino con una fe viva y comprometida.
“Al celebrar este jueves santo, hermanos, la última cena, renovamos en la Eucaristía esa experiencia. Encontramos a este Dios amoroso que nos hace su familia y nos reúne. No venimos a participar externamente, sino le damos el corazón a Dios, porque sabemos que él nos da su corazón y todas las gracias en la Eucaristía. Qué gran poder y gran amor de Dios quedarse en el Sacramento de la Eucaristía”, expresó, al tiempo que explicó que este sacramento no es un simple alimento, sino la presencia real de Cristo que fortalece el camino espiritual de los fieles y los llama a construir comunidad.
El momento central de la celebración fue el lavatorio de pies, donde se evocó el gesto de Jesús durante la Última Cena, cuando, en un acto inesperado, asumió el papel de servidor al lavar los pies de sus discípulos. Este hecho, que simboliza la humildad, la entrega y el amor incondicional que deben caracterizar a los cristianos.
Durante la ceremonia, fieles que representaron a los apóstoles participaron en este acto, mientras los asistentes acompañaron con devoción cada uno de los momentos litúrgicos, reafirmando su fe en una de las celebraciones más significativas del calendario católico.
El arzobispo insistió en que estas fechas deben ser una oportunidad para la reflexión y la reconciliación, dejando de lado prácticas superficiales y retomando el sentido espiritual de la Semana Santa y concluyeron la ceremonia dando paso a la Hora Santa.


