Las fiscalías, comisiones de búsqueda y organismos de atención a víctimas fueron señalados como algunas de las instituciones donde mujeres buscadoras enfrentan mayores prácticas de violencia institucional, revictimización y omisiones durante la conferencia “Desaparecer otra vez: violencias y afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras en México”, realizada en la Facultad de Derecho de la UASLP por integrantes de Amnistía Internacional México.
Brittany Alexis Huesca Cuautle, responsable de Activismo y Movilización, y Alfonso Ochoa Manzo, responsable de Educación en Derechos Humanos, expusieron que las mujeres que buscan a familiares desaparecidos se enfrentan constantemente a estructuras institucionales que minimizan sus denuncias, reproducen estigmas y retrasan los procesos de búsqueda.
“Ellas llegan y se enfrentan a una estructura gigantesca que las está señalando todo el tiempo”, señalaron durante la conferencia.
Entre las instancias más mencionadas por las propias buscadoras se encuentran las fiscalías estatales y federales, las comisiones de búsqueda, las comisiones de atención a víctimas y el mecanismo de protección para personas defensoras y periodistas. De acuerdo con lo expuesto, muchas mujeres desconfían de estas instituciones debido a la corrupción, las omisiones y los vínculos señalados entre autoridades y grupos criminales.
“La autoridad sigue reproduciendo violencia estructural”, afirmaron.
Los ponentes señalaron que, lejos de encontrar acompañamiento, muchas mujeres reciben respuestas cargadas de prejuicios y violencia de género. Frases como “hay que esperar 72 horas”, “seguro se fue con el novio” o “en algo andaba” continúan apareciendo en espacios institucionales encargados de investigar desapariciones.
“Es un discurso profundamente estigmatizante”, advirtieron. “Nadie merece desaparecer”.
Explicaron que el género influye directamente en la forma en que las mujeres viven la búsqueda. Culturalmente, son ellas quienes suelen asumir las tareas de cuidado dentro de las familias y quienes terminan encabezando las búsquedas cuando ocurre una desaparición. Madres, hermanas, hijas y esposas abandonan empleos, ingresos y estabilidad económica para dedicarse a localizar a sus familiares.
“Ellas terminan haciendo esa labor que tendría que hacer el Estado”, señalaron.
A esa carga se suma la violencia diferenciada que enfrentan por ser mujeres: insinuaciones sexuales, comentarios fuera de lugar, criminalización por protestar y amenazas derivadas de su labor como defensoras de derechos humanos.
Durante la conferencia también se abordó cómo ciertas condiciones sociales profundizan las barreras de acceso a la justicia. Las mujeres indígenas, migrantes o habitantes de zonas periféricas enfrentan obstáculos adicionales debido a la discriminación, las dificultades lingüísticas y la precariedad económica. En ese contexto, los ponentes mencionaron el panorama de personas migrantes desaparecidas en México y las dificultades que enfrentan sus familias para acceder a mecanismos de búsqueda y denuncia.
“La situación migratoria agudiza mucho más la vulnerabilidad”, explicaron.
Además del desgaste emocional, las buscadoras desarrollan afectaciones severas en su salud física y mental. Entre los casos documentados se encuentran diabetes, hipertensión, trastornos del sueño, afectaciones visuales y daños psicológicos derivados del estrés constante y la incertidumbre.
“El cuerpo empieza a pasar factura”, señalaron.
Los representantes de Amnistía Internacional explicaron que muchas mujeres viven en un estado de alerta permanente mientras realizan labores de búsqueda en contextos de violencia extrema. Algunas desarrollan ansiedad, paranoia y agotamiento físico crónico mientras enfrentan procesos burocráticos que suelen prolongarse durante años.
También advirtieron que la atención psicológica institucional resulta insuficiente, ya que muchas veces se intenta abordar la desaparición desde la lógica del duelo tradicional.
“No puedes vivir un duelo cuando no sabes si la persona está viva o muerta”, afirmaron.
Frente a la falta de respuestas oficiales, las colectivas de búsqueda se han convertido en espacios de protección, acompañamiento y organización. Son otras mujeres quienes brindan apoyo emocional, recursos y seguridad mientras continúan realizando tareas de investigación y búsqueda.
“Se cuidan entre ellas haciendo esa labor que tendría que hacer el Estado”, concluyeron los ponentes.


