Ante un desastre natural, la atención a las personas afectadas no concluye con las labores de rescate. La recuperación de una sociedad implica un proceso prolongado que contempla la búsqueda y atención de víctimas, la instalación de albergues, el acompañamiento psicológico y la reconstrucción de las condiciones de vida de las comunidades afectadas, señaló la doctora Patricia Julio Miranda, coordinadora de la Licenciatura en Arqueología de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).
Al solidarizarse con las familias, amistades y especialistas de la región afectada por el terremoto registrado el pasado 10 de agosto en Colombia, la especialista en Ciencias de la Tierra, con especialidad en Vulcanología por la UNAM, destacó que en México existe experiencia frente a los sismos y sus impactos en la población, por lo que es posible comprender la situación que atraviesan actualmente las comunidades afectadas.
La doctora Julio Miranda, quien ha impartido cursos sobre “Amenazas naturales, desastres, evaluación y gestión de riesgo”, así como “Medioambiente y reducción del riesgo de desastres”, explicó que después de un sismo se requiere la intervención de grupos especializados para realizar labores de búsqueda y rescate entre los escombros, una tarea compleja que constituye una de las primeras etapas posteriores al desastre.
Posteriormente, dijo, se debe garantizar la atención integral de las personas afectadas mediante servicios de auxilio, salud y asistencia, además de la instalación de albergues para quienes hayan perdido sus viviendas o no puedan regresar a ellas. En estos espacios será necesario atender necesidades específicas de la población y mantener un seguimiento de las personas damnificadas.
La recuperación, añadió, también debe contemplar la atención psicológica, debido al impacto emocional que puede generar una experiencia de esta magnitud. Muchas personas enfrentan no sólo la pérdida de su vivienda o pertenencias, sino también situaciones de incertidumbre y un fuerte impacto emocional, por lo que este acompañamiento debe formar parte de las acciones de las autoridades.
La catedrática universitaria señaló que, una vez superada la emergencia, la sociedad colombiana deberá avanzar hacia una etapa de recuperación y de planeación que permita fortalecer su infraestructura y reducir las posibilidades de que un fenómeno similar genere consecuencias de tal magnitud en el futuro.
Explicó que la recuperación de una comunidad después de un desastre requiere tiempo y coordinación entre autoridades, especialistas y población, pues no se trata únicamente de atender la emergencia inmediata, sino de restablecer las condiciones sociales y materiales que permitan a las personas retomar sus actividades y reconstruir su vida cotidiana.
Finalmente, la especialista señaló que los efectos de los fenómenos naturales también están relacionados con las condiciones en las que viven las sociedades. Factores como el incumplimiento de normas y reglamentos de construcción, una planeación inadecuada de la infraestructura y prácticas de corrupción pueden incrementar la vulnerabilidad ante fenómenos como sismos, erupciones volcánicas, lluvias, tormentas, tornados, ciclones, huracanes y tsunamis.
En este sentido, destacó que la gestión del riesgo y la prevención son fundamentales para disminuir los impactos de futuros fenómenos naturales y avanzar hacia comunidades con mayor capacidad de respuesta y recuperación.


