Baches, autos y ciclovías ocupadas: los obstáculos que enfrenta Henry al pedalear con una prótesis en San Luis Potosí

Para Henry Evelio Ortega Barahona, recorrer San Luis Potosí en bicicleta implica estar atento a algo más que el tráfico. Hay que mirar el pavimento, anticipar a los automovilistas, esquivar baches y, cuando llueve, adivinar dónde termina la calle y dónde comienza un hoyo que el agua ya no permite distinguir.
Henry es hondureño, repartidor de plataformas y desde 2016 utiliza la bicicleta como medio de transporte. También vive con una discapacidad, perdió una pierna después de un accidente laboral ocurrido en una chatarrera. Hoy, la bicicleta es parte de su trabajo y de su vida cotidiana, pero también una herramienta desde la que ha podido identificar las dificultades que persisten en la capital para quienes se desplazan de manera no motorizada.
Su principal reclamo no comienza con una obra, sino con algo menos visible, que es la educación vial.
“Lo que es muy importante es la educación vial. Porque si no hay educación vial, no puedes incluir mejoras en la ciudad”, señala.
Para Henry, una ciudad accesible no se construye únicamente con infraestructura. También requiere que quienes la utilizan sepan respetar a quienes tienen mayor vulnerabilidad en la calle.
Lo observa, por ejemplo, en la calle Carranza, donde las ciclovías frecuentemente terminan ocupadas por vehículos.
“Las ciclovías siempre están estancadas de vehículos”, afirma.
El problema no es únicamente que un automóvil invada un espacio destinado a bicicletas. Para una persona que circula en bicicleta con una prótesis, ese obstáculo puede obligarla a incorporarse al carril de los vehículos y modificar de manera repentina su trayectoria.
Henry insiste en que la movilidad debe entenderse desde una jerarquía sencilla: primero está quien camina.
“El peatón siempre va a ser el rey de la ciudad, porque es el que tiene la mayor prioridad, como lo marca la pirámide: peatón, ciclista y vehículos motorizados”, explica.
Pero en la práctica, dice, esa prioridad no siempre se respeta.
En algunos cruces ha tenido que hacer algo que debería corresponder a las condiciones de seguridad de la propia vialidad: detenerse y detener el tránsito para permitir el paso de una persona.
Lo ha vivido en los alrededores de Plaza Fundadores.
“Me he detenido a parar los carros para que pase el peatón, porque a veces no hay vialidad, no está un oficial para que detenga el tráfico. Toca tener el tráfico y se empiezan con las clases”, relata.
La frase tiene algo de cansancio y algo de ironía. Pero en lugar de limitarse a cruzar, termina convirtiéndose en una especie de regulador improvisado del tránsito.
-Cuando llueve, el pavimento cambia
Hay otro enemigo que conoce bien: los baches.
Durante un recorrido cotidiano, Henry puede encontrar varios. Algunos los identifica porque ya conoce la calle; otros aparecen cuando menos se esperan. El problema se vuelve mayor durante la temporada de lluvias.
“Creo que lo más difícil es cuando llueve. Porque los baches no se ven realmente”, explica.
Ya le ha ocurrido varias veces.
“Caes en un bache y vas al piso”, cuenta.
Para un ciclista, un desperfecto en el pavimento puede significar una caída. Para una persona que utiliza una prótesis, además, representa una dificultad adicional para recuperar el equilibrio o reincorporarse al tránsito.
Por eso considera necesaria una intervención más constante en las vialidades.
“También hay que implementar la mejora de las vialidades”, plantea.
Entre los puntos que ha observado está la avenida Reforma, donde señala las condiciones de las alcantarillas. Para quienes recorren la ciudad en automóvil, una irregularidad en el pavimento puede representar un golpe o una molestia. Para quienes van sobre dos ruedas, puede convertirse en un riesgo directo.
Henry no habla desde una experiencia ocasional. Su bicicleta es parte de su jornada laboral. Desde octubre del año pasado trabaja como repartidor de plataformas y pasa buena parte del día sobre ella, recogiendo pedidos en restaurantes y llevándolos hasta el punto indicado por la aplicación.
“A mí me gusta la bici y aparte aprovechamos dos pájaros de un tiro: el deporte y el trabajo”, explica.
En ese recorrido ha conocido prácticamente toda la ciudad.
“Antes de trabajar en delivery no conocía ciertas áreas de la ciudad. Ahora tengo la libertad de conocer prácticamente todo”, cuenta.
Pero también ha aprendido a conocer sus defectos.
-La ciudad desde una bicicleta
Henry sabe que no es el único que enfrenta estas condiciones. Hay personas que utilizan la bicicleta para trabajar, trasladarse a la escuela o simplemente desplazarse; también hay personas con distintas discapacidades que necesitan que las calles sean transitables.
Por eso su demanda no se limita a construir más infraestructura ciclista.
“Ser más inclusivos en esos aspectos”, plantea.
La inclusión, en su experiencia, comienza por algo elemental: que las vialidades estén en condiciones adecuadas y que los espacios destinados a peatones y ciclistas sean respetados.
También requiere que los automovilistas entiendan que compartir la calle no significa competir por ella.
Henry ha tenido que enfrentarse directamente con esa dinámica. En algunos cruces, ante la falta de un agente de tránsito o de condiciones claras para cruzar, ha tenido que intervenir para que los vehículos cedan el paso.
No debería ser necesario, considera.
La bicicleta también le ha permitido experimentar la ciudad desde otra perspectiva. En lugar de atravesarla detrás de un parabrisas, la recorre a pocos centímetros del pavimento. Escucha los motores, siente las irregularidades de la calle y tiene que reaccionar ante ellas.
Aun con todo, defiende las ventajas de este medio de transporte.
“Evitamos contaminación, también reduces mucho lo que es el tráfico y para la salud es muy importante. Porque siempre pienso que para tener buena salud tienes que moverte”, dice.
Lleva años haciéndolo. Incluso después de perder una pierna continuó utilizando la bicicleta y encontró en ella una forma de independencia.
-De Honduras a las calles de San Luis
Su historia personal explica parte de la determinación con la que enfrenta estas dificultades.
Henry salió de Honduras cuando todavía estudiaba. Tenía que decidir entre continuar su formación o utilizar los pocos ahorros que tenía para salir del país.
“Estaba entre seguir estudiando o salirme del país… opté por salirme”, recuerda.
Llegó a México después de atravesar Guatemala y entrar por Chiapas. En el trayecto enfrentó situaciones de violencia. También pasó por otros estados antes de llegar a San Luis Potosí, donde comenzó trabajando en restaurantes, bares, casinos, gasolineras y después en una chatarrera.
Fue ahí donde sufrió el accidente que provocó la amputación de su pierna.
La recuperación física estuvo acompañada de una depresión profunda. En ese periodo retomó las artes marciales y comenzó a entrenar nuevamente con su maestro, incluso cuando todavía utilizaba silla de ruedas.
“Las artes marciales salvaron mi vida”, recuerda.
Ahora practica kickboxing por las noches y trabaja en bicicleta durante el día.
Su vida transcurre entre el ejercicio, las entregas y los trayectos por una ciudad que conoce cada vez mejor. También entre las dificultades que encuentra en cada recorrido.
Tiene una visa temporal y busca reunir entre 18 y 19 mil pesos para tramitar su residencia permanente. Quiere establecerse en México.
Mientras eso ocurre, continúa pedaleando.
No pide una ciudad diseñada exclusivamente para él. Pide algo más básico: que pueda desplazarse sin que un automóvil invada la ciclovía, sin que un bache escondido bajo el agua lo mande al suelo y sin tener que detener el tráfico para que un peatón pueda cruzar.
“Hay que intentarlo”, responde cuando se le pregunta qué les diría a quienes todavía dudan en utilizar la bicicleta.
Y vuelve a salir a la calle.Esta vez, como todos los días, toca mirar el camino.

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