La falta de infraestructura accesible, los actos de discriminación en instituciones públicas y las dificultades para acceder a un empleo forman parte de los obstáculos que enfrentan las personas con discapacidad visual en San Luis Potosí, quienes además deben lidiar con el desconocimiento social sobre sus necesidades de movilidad y autonomía.
Durante la conmemoración del Día del Bastón Blanco, realizada este jueves en el Centro Histórico de la capital potosina, Alejandrina García, exalumna del Instituto para Ciegos y Débiles Visuales Ezequiel Hernández Romo, advirtió que, aunque existen avances en la instalación de guías podotáctiles, todavía falta ampliar su cobertura y sensibilizar a la población sobre su uso.
«Mucha gente ignora para qué sirve la línea podotáctil», señaló.
Estas guías, identificables por sus relieves y colores contrastantes, permiten a las personas con discapacidad visual reconocer rutas, orientarse y detectar cambios en el entorno. Sin embargo, cuando otros peatones se colocan sobre ellas o dejan objetos que bloquean el paso, se interrumpe una referencia fundamental para desplazarse con mayor seguridad.
García consideró que San Luis Potosí ha avanzado en la instalación de esta infraestructura, aunque las rutas accesibles todavía se concentran en algunas zonas, como la Calzada de Guadalupe y las calles Hidalgo y Zaragoza. Por ello, planteó la necesidad de extenderlas para facilitar los desplazamientos independientes por una mayor parte de la ciudad.
La accesibilidad también depende de que la población comprenda la función de los semáforos sonoros y otros recursos diseñados para facilitar la movilidad. La falta de información puede provocar que estos elementos sean obstruidos o que sus funciones se interpreten como una molestia, en lugar de reconocerse como herramientas para garantizar el derecho al libre tránsito.
La discriminación, advirtió García, también se presenta cuando las personas con discapacidad visual acuden a instituciones para realizar trámites, solicitar atención médica o acceder a servicios. En ocasiones, dijo, se les exige esperar al final de una fila o reciben reclamos de otros ciudadanos mientras caminan por la vía pública.
«Hay mucha discriminación todavía», afirmó.
A estas dificultades se suman las barreras para incorporarse al mercado laboral. García señaló que las mujeres con discapacidad visual enfrentan obstáculos particulares para conseguir empleo y consideró necesario que las empresas revisen sus instalaciones y procedimientos para favorecer su inclusión.
La falta de oportunidades no necesariamente responde a que las personas no puedan desempeñar determinadas actividades, sino también a que los espacios laborales no contemplan sus necesidades o mantienen prejuicios sobre sus capacidades.
García señaló que, de acuerdo con cifras del INEGI que mencionó durante la actividad, en San Luis Potosí hay más de 60 mil personas con discapacidad visual y más de 16 mil en la capital. La dimensión de esta población hace necesario fortalecer tanto la infraestructura accesible como la información sobre los servicios de orientación y rehabilitación disponibles.
La importancia de visibilizar estas dificultades también se refleja en la experiencia de Francisco Canela Hernández, conocido como Paco, quien comenzó a perder la vista hace cinco años debido a un problema de glaucoma que relacionó con la diabetes que padece desde hace aproximadamente tres décadas.
Actualmente calcula que conserva alrededor de cinco por ciento de su visión. Ante la posibilidad de perderla por completo, se acercó al Instituto para Ciegos y Débiles Visuales para aprender a utilizar el bastón blanco y prepararse para desplazarse de manera independiente.
Paco relató que atravesó una depresión durante el proceso de adaptación, pero que el acompañamiento recibido en la institución le permitió recuperar el ánimo y afrontar los cambios en su vida.
«Mi capacidad no es una limitación, simplemente es un paso más en la vida que tú tienes que dar», expresó.
Su experiencia muestra la importancia de contar con espacios de rehabilitación y apoyo para quienes adquieren una discapacidad visual, así como para sus familias, que también necesitan información y herramientas para acompañar el proceso.
Aunque Paco aseguró que ha recibido ayuda de personas que lo apoyan al cruzar calles o sortear obstáculos, coincidió en que la infraestructura urbana sigue siendo insuficiente.
«Hay espacios, pero falta muchísimo», dijo al referirse a las condiciones para desplazarse por la capital potosina.
La sensibilización social, por tanto, no se limita a reconocer el bastón blanco ni a participar en una marcha. Implica respetar las guías podotáctiles, evitar obstruir los espacios destinados a la movilidad, reconocer las capacidades de las personas con discapacidad visual y garantizar que puedan acceder a servicios, educación y empleo sin enfrentar barreras evitables.
La conmemoración del Día del Bastón Blanco buscó colocar estas necesidades en la conversación pública y recordar que la inclusión requiere tanto infraestructura como cambios en las prácticas cotidianas. Para las personas con discapacidad visual, contar con una ciudad accesible significa poder desplazarse con seguridad, tomar decisiones sobre su propia vida y participar en la sociedad sin que su autonomía dependa de la ayuda ocasional de otros.


